El espía en el bar

gothicUn heroinómano entra a un bar de la Rambla. Le dice a un cliente:

–¿Me convidas de tu trago?
–Es que lo compré a medias.
–Bueno, convídame de tu parte.
–Es que mi parte es la de abajo.
–No importa, tengo pajita.

En eso, viene el camarero e increpa al recién llegado.

–Señor, por favor no moleste a la gente. No puede estar aquí si no va a consumir.

El heroinómano lo mira tres segundos. Retruca.

–¡”Consumir”! Qué bien.
–¿qué le sirvo, entonces?–
–Venga, un café.

Cuando el mozo le trae el café, el heroinómano agarra la cucharita y se mete en el baño.

Pasan unos veinte minutos. El café se enfría y el camarero se lleva la taza. Al rato sale del baño el heroinómano. Está visiblemente colocado.

–¿Y mi café?–
–¿Y mi cuchara?–contesta el camarero.

El heroinómano busca en el bolsillo de su camisa y encuentra la cuchara. El camarero la recibe. Vuelve con otro café.

Los parroquianos siguen bebiendo y aquí no ha pasado nada.

O sí: ya es primavera en Barcelona.

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