3.38

Sobretodo -me digo a mí mismo- tené cuidado con los posts que escribís después de las dos y media de la madrugada. Ya me ha pasado de postear tarde y mamado, sólo para levantarme al otro día desesperado por borrarlo todo. Entonces me digo “ojo”, y al toque me desobedezco.

Así que hola, que tal, son las 3.38 y acá estoy.

Acabo de llegar de un cumpleaños y tenía ganas de anotar algunas impresiones. Voy a aclarar que a pesar de lo que piensan muchos, no soy muy sociable. Las personas suelen creer que sí porque tengo cara de chanta. Pero la mayoría de los seres humanos me parecen meros manojos de obviedades, combinadas en distintas proporciones. Así que suelo esquivarlos.

Sin embargo un viejo que acaba de cumplir 76 me había dicho esta semana que uno de los secretos para ser feliz era tener muchos amigos. El cabrón me convenció para que me mandara a la famosa fiesta. Boludísimo de mi parte.

***

Allá fui. Tengo quinientos mangos para terminar el mes (hoy es seis de marzo); y a pesar de la mishiadura me obligué a empilcharme, perfumarme y salir. Subte hasta Nuñez, una noche de la hostia (a medida que el otoño arrima el bochín el clima se pone más amable). Entrada moderna, portero, saludos. Cuando subí hasta la terraza del edificio en busca del asadito, me encontré con las inexorables chombas y las bermudas con pantalones náuticos. La misma verga de siempre. Eso y las chicas recatadas, de dicción clara y sueñito en el hombro de sus novios.

Llegó la primera pregunta que hace la tilingada argentina cuando quiere medir al que tiene enfrente: “¿a qué te dedicás?”. Prometo frente a todos ustedes que la próxima vez que alguien quiera saber eso voy a decir que soy cualquier otra cosa, menos periodista. Sin embargo hoy metí la pata, para variar.

–Soy periodista–

–Uy, debe ser difícil. ¿Te tenés que bajar mucho los lienzos?–

–Sólo cuando quiero acostarme con alguien o ir a cagar. El día que me los baje por otra cosa me pego un tiro–

Ya sé. Soné un poco agresivo. Pero bueno, me había clavado unas birras y al fin y al cabo acababa de llegar desde San Telmo, la otra punta de Buenos Aires. El silencio de la mesa, de todos modos, fue una advertencia. No sé porqué  cada vez que me invitan a una reunión la gente termina pinchándome para que hable de política. Se ve que cargo una barba guevarista o tengo el culo tan cuadrado como los cuatro tomos del Capital, qué se yo. No sé de donde viene esa insistencia. Esta vez no fue la excepción.

***

Alguien quiso cambiar de tema y habló de lo que los solteros de aquel grupo habían hecho en la noche del miércoles. “¿Conocés `Pampita`?”, me preguntaron. “Sí, es decir, ¿a la modelo?”. “No, al cabarute”. “Ah, no, ni idea”.

–Me cogí una pendeja impresionante ahí. Trecientos mangos la media hora, pero los valía, eh. Los valía– soltó uno.

–Que bueno– mentí.

–No sabés. La mina la tenía re clara. Acabé a los cuarenta segundos, y estaba re contento.

–Ajá.

–Es caro, lo único. Pero buen…soy comprador compulsivo. JAJAJAJA.

El tipo me seguía hablando de cómo desde el miércoles no se podía sacar de la cabeza esas tetas, ese culo, esa voz. La mina se llama o se hace llamar Brisa. Todos coinciden en que es una artista. “Mirá vos. Te enamoraste”, le comenté. De nuevo, la mesa entera me miró con asco. “No, pará. Jamás me enamoraría de una mina así”, se cubrió él. Traté de explicarle que he conocido chicas que entregaban su cuerpo por cosas mucho más sucias que la guita. Fue inútil.

En eso, sonó un celular. De los bolsillos del admirador de Brisa salieron dos aparatos: un Blackberry y un IPhone. El chabón no sabía cuál atender. Los dos eran suyos.

Más tarde, el dueño del depto se refirió a Menem. “¿No lo extrañan, al lado de lo que son los K?”, repetía. Yo negué, y ya estaba medio descompuesto. Otra vez las miradas.

***

De remate, una gordita que estaba de novia y lo resaltaba continuamente se puso a hablar de técnicas para seducir.

–Si a mí me mira un tipo que me cabe no lo voy a ir a encarar, simplemente le sonrío–decía, y sonreía.

Necesitaba estampar todo lo anterior para llegar a esta línea. Mejor dicho a la oración que sigue: ¡váyanse todos a la concha de su madre!

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4 Responses to “3.38”


  1. 1 Pompeyo marzo 9, 2010 en 2:41 am

    Notable aguafuerte. Los reconocí y los odié, al toque, a todos. Especialmente al infeliz que acabó a los 40 segundos. Brisa todavía estará cagada de risa.
    Estos pajarones burlones que te garcan desde lo alto de sus blueberries se merecen algún gato maula que los devore vivos y les enfríe su veranito, como en tu post anterior.
    En el pecado está la penitencia, hermano. Ciertas puertas que se abren a ciertos asados no deberían cruzarse jamás.
    Saludos.

    • 2 cascodekamikaze marzo 11, 2010 en 11:39 pm

      Hola Pompeyo. Gracias. Seguro que Brisa está armando un negoción con estos pibes. Y tenés razón, en el pecado está la penitencia. Quién carajo me manda a meterme ahí. Pero bueno, viste como es: uno a veces sospecha que se está volviendo un tipo cerrado, y cuando intenta salir a contactarse con el mundo descubre que efectivamente es malhumorado, no tiene paciencia y despunta arranques jodidos…¡Pero es una suerte poder ir convirtiéndose lentamente en un cascarrabias sin culpa!

  2. 3 Eduardo Fabregat marzo 20, 2010 en 7:50 pm

    Facu querido, no te juntes con esa chusma.


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