Eterno retorno

Hace unos días, este cronista hizo una nota sobre los servicios de SMS tipo “mandá ‘orgasmo’ al 9090 y mirá lo que te pasa”. Se suscribió a tres de esos servicios. Uno para recibir mensajes de una novia sexópata, otro para que le den consejos contra robos y –por si esos dos no funcionaban–, también se dejó convencer por una publicidad que garantizaba poner “la palabra de Dios” en el teléfono móvil. Bien, el domingo el cronista está tirado en una plaza y le llega: “Quiero chupetearte el cuello infinitamente para sentirte cerca. Mandá ‘Sirio` al 8787 y enterate de los misterios más hot”.

“Ojalá que este SMS no sea el de Dios –se dice a sí mismo el cronista–. No me gustan los barbetas. Además, si se pone cargoso, ¿a quién le pido ayuda?” Eso piensa el cronista, que hace unas semanas que no consigue desuscribirse, y tres frases pedorras por día pueden demoler al cerebro más equilibrado. Logra distraerse un poco y plin, otro mensaje. “Hay más felicidad en dar que en recibir”, lee. A ver: el servicio que promete defenderlo de los afanos no es, obviamente. Es Dios o la novia… que –¡horror!– hasta podrían ser la misma persona. No, probablemente sea la novia sexópata, que quiere “que le den”. Igual no hay tregua para pensar demasiado porque ahí nomás plin, una nueva clave para vivir mejor: “Jamás pare su auto para recoger a desconocidos. No importa sexo o edad, podrían ser señuelos”. El de seguridad, de una. La macana es que el cronista no tiene vehículo, y es más bien un mochilero crónico.

De noche, la pesadilla da tregua. Pero el lunes, Dios, la sexópata y Mr. Seguridad vuelven al ataque, mientras este redactor viaja en colectivo. “Me gustaría ser tu boca para recorrerme entera hasta el éxtasis”; “El amor es sufrido, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece”; “Tres de cada diez peatones muertos en el último año estaban hablando con el móvil” ¡Plin! ¡Plin! ¡Plin!

El sufrimiento se mezcla con bocas y con peatones zombis que hablan por celu a pesar de estar muertos. Insoportable. Cuando este mártir ya está considerando terminar con todo colgándose de las bolas con el cable del cargador, el colectivero escucha sus lamentos y se da vuelta. “Escuchame, lo que tenés que hacer es mandar la palabra ‘baja’ al número desde el que te bombardean. No agregues nada más, te estás equivocando en eso. Yo estaba con el horóscopo de Tu Sam y me borré así”, tira el chofer. Un brillo en el espejo retrovisor le ilumina la pelada, y por un momento parece que al conductor le saliera una aureola. El cliente obedece. Pulsa los botoncitos y al toque viene la respuesta “tu suscripción se ha eliminado satisfactoriamente”. Erótico, seguro y santo remedio.

Publicado en el Suple NO de Página12.

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