Una crónica de diciembre

No hay una sola empresa que se atreva a asegurar que los SMS llegan siempre, y pocos conocen adónde van a parar los que se pierden. Sólo se sabe que si por hache o por ve tu envío no llega, se le intentará remitir al destinatario unas cuarenta o cincuenta veces durante las pocas horas en que “sobrevive” un mensajito.

Lo más probable es que llegue retrasado. Y eso, que suena como un detalle, puede resultar catastrófico.

Lo que voy a contar sucedió el año nuevo pasado. Los diarios de la mañana aconsejaban contactarse con seres queridos antes de la medianoche, porque se pronosticaba una “saturación del sistema”. Se sabía que iban a enviarse un 30% más de saludos que el año anterior: “el pico se da entre las 22 y la 1.30. Por esto se puede dificultar el normal funcionamiento”, había advertido Susana Menéndez, gerente de Relaciones Institucionales de Personal. Los clientes de esa empresa habían mandado más de doscientos millones de SMS en las fiestas de 2007-2008.

A eso de las doce y media ocurrió algo espantoso. El novio (ahora ex) de mi hermana, que como buen pollerudo estaba pasando las fiestas con nosotros a pesar de la insistencia de sus padres ancianos, recibió un SMS y se largó a llorar. Salió corriendo a su auto y todos dejamos el vitel toné a medio masticar con tal de seguirlo. “¿Qué carajo te pasó?”, quisimos saber, mientras él abría la puerta del coche chorreando lágrimas, sin decir nada.

De pronto, él estiró la mano para mostrarnos la pantalla de su móvil: “VENI RAPDO. MAMA TA MUERTA”, se leía.

Subimos al auto y el tipo arrancó. Rumbeó a toda velocidad hacia la casa de unos tíos, donde supuestamente estaban sus viejos. La desesperación hizo que calláramos. Hubo una avenida y una esquina antes de la bendita casa. Cuando el auto frenó nos quedamos pasmados al ver la figura espectral de la vieja, que en realidad no nos asustó tanto porque salió a la vereda con los brazos abiertos y una botella de sidra en la mano. El ex de mi hermana, demolido por la sorpresa, sólo atinó a acercarse y abrazarla. Y nosotros también ¿Milagro? No, a los diez segundos llegó la segunda parte del mensaje, que había salido cortado.

“D SUEÑO”, decía.

(imagen: Fito Espinosa.)

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