En este país sobran los matones pero faltan hombres

trabajoPerdónenme que no haya escrito en los últimos días, pero tengo las bolas llenas. Repletas de bronca.

Escucho a los periodistas de la oposición decir estupideces que no tienen nombre, y veo a los oficialistas caer en la misma trampa. Los que se hacen los independientes tampoco salen del corral ¿A qué me refiero? A que no sabemos discutir, y mucho menos razonar, más allá de “necesito tal trabajo y lo voy a conseguir/conservar de tal modo”.

La mogolicidad se amplifica hasta el vértigo en Internet ¿Y cómo no voy a considerar idiotas a los tipos que discuten por Facebook, dejando comentarios en mayúsculas que no van más allá de la obviedad? Sospecho que toda esta verga informática nos está volviendo bobos. Nos metieron el teclado en casa, y ahora somos teclas de otros que están viendonos desde arriba.

Ya nadie sabe hacer volar una idea que vaya más allá de los 140 caracteres -o no se cuántos- que nos habilita el SMS. Yo mismo me estoy convirtiendo en un idiota al que le cuesta leer más de media hora seguida. Tengo ahí en la mesa las Obras Completas de Freud. A este paso, voy a morirme antes de llegar a la mitad.

En el remolino, los que hacemos periodismo creemos -nos hacemos creer- que aportamos algo. Yo pongo todo lo que tengo para hacerlo individualmente, no sé si me sale.  La verdad, no obstante, es que como gremio no estamos dando a los demás ni una mísera porción de nuestra mierda más mierdosa.

Trabajamos con una forma: dominando una arquitectura discursiva. Cada tanto, alguno trata de tirar una línea copada y ante la pasividad colectiva se pregunta: ¿y para ésto decidimos dedicarnos a hacer prensa? ¿Es que ninguno de los que tiene el puesto más o menos asegurado -me refiero a esos tipos que ya se ganaron cierto “prestigio”, sea éste justificado o no- tiene las pelotas de parar un cacho y animarse a decir que nos está faltando PENSAR?

(y lo puse en mayúsculas, ¿no te digo?)

Dejo de lado a ciertos colegas que respeto mucho. Ahora: los que están arriba, pero bien arriba ¿cómo garcha hacen para mirarse al espejo? ¿Cómo, después de chuparle las medias a De Narváez, o luego de decidir que no publicarán ni una sola línea acerca del patrimonio de Kirchner? ¿Eso es el periodismo? ¿Tan sólo uno de los tantos rostros de lo cínico?

Como dijo el otro día el maestro Quique Pessoa: “en mi pueblo sobran matones, pero faltan hombres”. En los medios también. O más.

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