Por eso no me engancho con el porno

Siguiendo con nuestro Operativo de Recuperación de lo Cursi, hoy me puse a pensar sobre una de mis escenas favoritas. Me refiero a los pocos minutos que colgué arriba: están en esa joya que es “La Chica del Puente”, de Patrice Leconte.

Vuelvo a recorrerla y lo primero que me impacta es ese aire definitorio que tiene todo, las luces, la expectativa, las respiraciones. Desde el vamos, salta a la vista que estamos ante uno de esos momentos decisivos. La media luz de un galpón abandonado se convierten en una burbuja de intimidad.

Eso: intimidad. Esa palabra acá define.

Una sombra le borra a él la cara, haciéndolo sin edad. La excepción es la mirada. Me pregunto si todos conservaremos la misma mirada con el paso del tiempo, o si habrá cosas que nos la quitan, nos la mejoran o nos la lastiman.

¿Y ellos? ¿Quiénes son? ¿Qué es lo que se insinúa en esa química invisible?

Sabemos que se han vuelto simples presencias, flotando en el espacio y el tiempo. Ellos y los cuchillos, el drama más simple que pueda concebirse.

Y los cuchillos: la posibilidad de que aquel contacto sea el fin de la vida tal como se la conoció hasta ese momento. Quien quiera llamarle amor, adelante.

***

chica

No están en el audio, y aún así yo sé -las miradas, los suspiros- que ellos están escuchando el ruido de sus corazones como si fueran la primera pareja que correteó por las llanuras, en el ritual prehistórico del que son consecuencia ustedes y también yo. ¿Porqué lo sé? ¿Porqué sospecho?

***

Pienso: cuánto tiene que haber ansiado este hombre el cuerpo de ella para poder conocer así sus rincones. Qué atracción tan gigantesca debe sentir para haberla memorizado de esa manera, no con números ni medidas, sino a través de ir encontrando el deslizar exacto con el que tiene que moverse para que juntos despierten lo innombrable. Los ojos se cierran, y entonces lo que queda son dos imaginaciones.

Es esa desnudez tan poco frecuente. La desnudez de las identidades, que al exponerse revelan su condición ficticia, y se expanden estallando y haciendo estallar todo lo que esté alrededor. Es el final de la vida como cárcel.

***

¿Que si hay miedo? Seguro, porque es un nacimiento. O mejor dicho dos.

“Los horrores dependen en buena medida de la asociación de ideas. De la capacidad para unirlas. Se puede no asociar nunca dos ideas de modo que muestren su horror (…) y así no conocerlo en toda su vida. Pero también puede vivir instalado en él si tiene la mala suerte de asociar continuamente las ideas justas” (Marías).

Yo sospecho que con el erotismo pasa lo mismo. Quien es capaz de dar con los lazos correctos, se traslada a su propio paraíso.

Después de todo, tal vez el miedo y el erotismo no sean más que dos caras de la misma moneda. Miedo al amor. Amor al miedo. ¿Cara o seca?

Nota (Si les gustó la actriz Vanessa Paradis, traten de ver si la enganchan para tomar un café. Les aviso, por las dudas, que en la lista ya se anotó Johny Depp. Ah, y la canción no me termina de convencer. Igual garpa. Muaaaaghhh. Buenas noches. Voy a lavarme los dientes porque tengo un aliento a cebolla bárbaro.)

Anuncios

1 Response to “Por eso no me engancho con el porno”


  1. 1 Santiago mayo 23, 2009 en 7:03 pm

    Alta tensión en esta escena. Y pensar que empezó todo con un “encuentro casual”. Una joya Leconte, sí. Y una joya ella, también.

    Saludos!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Twitter: directo desde la cabina

Misiones anteriores

ESTE MES ME IMPACTARON

LIBROS:

-"Cuadernos de un aprendiz de boxeador", Loïc Wacquant.
-"Yo y tu", Martín Buber.
-"Cuentos Orientales", Marguerite Yourcenar

DISCOS:

-Me agarró un zumbido en la oreja y tengo que ir al otorrino.

PELIS:

-"El amigo americano", de Wim Wenders, con Dennis Hopper y Bruno Ganz (1977)

-"El desafío de las águilas", de Brian G. Hutton (1968).


A %d blogueros les gusta esto: