Palabras Encantadas

Cada tanto hojeo “Mañana en la batalla piensa en mí”, una novela que Javier Marías publicó al promediar los noventa. Hoy, domingueando, encaré una segunda lectura, más sesuda que la primera.

A poco de empezar encontré una palabra que en su momento -en aquel olvidado recorrido de hace unos años- había encerrado en un círculo de tinta.

Ahí estaban las letritas, cautivas. “Conticinio”, decían. No me sonaban a nada, y la oración hablaba de un conserje que se despierta a las dos o tres de la mañana a causa de una llamada telefónica.

Finalmente busqué en el diccionario de la Academia y encontré un tesorito. Decía:

(Del lat. conticinĭum).

1. m. p. us. Hora de la noche, en que todo está en silencio.

Única acepción, conservada quién sabe desde cuándo y rescatada por chiflados que no conozco. Pensé y pensé. Y me di cuenta de que es una idea que dificilmente podría haber sido concebida por los hombres de la ciudad, ni siquiera por gente de estos tiempos machacones. Encontré en esas cuatro sílabas casi secretas la posibilidad de transportarme a mundos que me precedieron, en los que en un determinado instante, los animales y las plantas, el viento y todo lo que uno quiera agregar a la lista finalmente callaba para anunciar que todo había terminado (por el momento y hasta el otro día).

Imaginé también fiestas. En las reuniones sociales el conticinio es temido, incomoda. “Che, juguemos a algo”, “Pasó un ángel” y otras acotaciones igualmente pelotudas han sido inventadas para combatirlo. No obstante, si la reunión es, por ejemplo, una orgía o una cita romántica, el fin de los sonidos y las charlas abre paso al terreno generalmente más interesante de los gestos y las caricias.

“No más palabras. No escribiré más. Un gesto”, parece que puso Pavese en una esquela, aunque en vez de hacer el amor lo que hizo fue suicidarse inmediatamente. Su camino, de todas maneras, se cruzaba en una esquina con el de los amantes: no de casualidad los franceses llaman al orgasmo La petite mort (la pequeña muerte).

Sigue rondando la idea del silencio. La muerte es callarse de una vez, después de todo. Se la compara con el sueño -me acuerdo ahora-; y la metáfora me asusta porque pasó la una de la mañana y estoy por irme a dormir rodeado por lo que se parece cada vez más a un vacío atronador.

Superemos el julepe y dejemos que llegue, entonces, el conticinio. Y porqué no también el sueño y -quién sabe-, tal vez hasta una petite mort.

Anuncios

0 Responses to “Palabras Encantadas”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




Twitter: directo desde la cabina

Misiones anteriores

ESTE MES ME IMPACTARON

LIBROS:

-"Cuadernos de un aprendiz de boxeador", Loïc Wacquant.
-"Yo y tu", Martín Buber.
-"Cuentos Orientales", Marguerite Yourcenar

DISCOS:

-Me agarró un zumbido en la oreja y tengo que ir al otorrino.

PELIS:

-"El amigo americano", de Wim Wenders, con Dennis Hopper y Bruno Ganz (1977)

-"El desafío de las águilas", de Brian G. Hutton (1968).


A %d blogueros les gusta esto: