Graffiti Nómade

Peter Daverington paseó por Palermo, las orillas del Riachuelo y la Villa 31. Zarpado lo que hizo en algunas esquinas.

graffiti en la villa 31 (detalle)

Salir a pintar. Cazar los aerosoles por la madrugada, caminar entre los edificios que roncan todavía y llegar a la muralla espiada durante días, meses o años. Empezar a ponerle vibra a esa pared que en pocas horas le alegrará el viaje a miles de ojos fatigados. El grafitero es, desde su origen, el rebelde que acecha, esperando la oportunidad para compartir con otros los pedazos de su personalidad que quieren salir a la vereda.Su vida suele ser corta: por lo general el pibe que hizo un par de muros abandona la actividad y entra a la adultez sumergido en un anonimato del que ya no sale. Pero hay una mínima porción de enmascarados que consigue hacer de su oficio una forma de vida. Es el caso de Peter Daverington, nacido en Australia en 1974 y trashumante de universos reales e imaginarios. Un loco lindo que viajó por todos lados, pasó por Baires y dejó joyitas que muchos todavía no conocen.

“Los artistas sentimos una pasión que te quema y hace que salgas desesperado en busca de la autoexpresión y la creatividad”, confiesa Peter. En su caso, la aparición de estallidos de imaginación tiene como condición adicional el espacio público. “La actividad, la energía, el pulso de una ciudad laten en la calle. Es la galería perfecta”. Este grafitero de manos talladas por la experiencia no entiende porqué el arte tiene que terminar siendo un recurso para que los snobs se seduzcan entre sí mientras hibernan en burbujas de autosatisfacción. “¿Porqué ese aislamiento? Démos el arte al pueblo y hagamos que sea parte de su vida cotidiana y del ambiente que nos rodea a todos”, pide.

El nomadismo de Peter lo ha llevado a vivir diferentes experiencias, algunas buenas y otras que casi le cuestan una paliza. “Ando bastante, muchas veces canjeando comida y hospedaje por murales. He pintado en Egipto, Turquía, Jordania, Alemania, República Checa, Estados Unidos, Guatemala, Argentina y Australia”, asegura. En la tierra de Cleopatra, por ejemplo, unos beduinos le pidieron que hiciera un laburo. A los cinco minutos de arrancar, tuvo que arreglárselas para poder seguir entre un remolino de turbantes, hachís y té. “¡También había como diez camellos caminando alrededor y discusiones permanentes sobre dinero!”, rememora el aventurero.

villa 31 Segunda parte

Otro día, en Seattle, la nieve casi le hiela las manos. Justo lo contrario le pasó en Estambul. El calorcito oriental inspiró a Peter, que empezó a contornear la figura de un hombre y una mujer abrazados. “Al rato se me plantan enfrente unos conservadores, escandalizados porque pensaban que iba a dibujar una escena ´pecaminosa´. Pero una vez que les expliqué cómo venía el asunto, hubo buena onda ¿sabés? A veces tenemos miedo de lo que no conocemos”.

palermo Soho

La visita de Peter a la Argentina estuvo auspiciada por la embajada de Australia, que le propuso un programa de actividades caritativas. “Antes de irme sentí que tenía que dejar algo en las veredas de Palermo. En efecto, Buenos Aires se ha convertido en uno de mis sitios favoritos ¡Por favor tráiganme de nuevo!”, se entusiasma.

Pensar que todavía tengo que pintar la cocina…

* http://www.peterdaverington.com.

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