Suena un poco extraño decir que son a la vez legendarios y poco conocidos. Tal vez debería decir que son “poco conocidos para mí”.
Descubrí a estos personajes míticos hace varios años, y hoy los reencontré en las anotaciones de un viejo cuaderno perdido en el fondo del cajón.
- En Yakutia, Siberia, los pobladores se enfrentan a uno de los climas más fríos del mundo. Tanto, que hay quien recomienda no tocar las superficies metálicas, porque la piel
se adhiere con la fuerza que dan los más de sesenta grados bajo cero que acarrea el invierno. Esta gente cree que existen los Abaasy, seres que viven en un reino subterráneo donde dormina Arson Duolai, el señor de los muertos. Todos los vecinos de ahí abajo comparten una característica: tienen al menos una parte del cuerpo de acero y les gusta raptar mujeres.
- Los Abatwa, en el sur de África, son tan chiquitos que se esconden detrás de las briznas de pasto. Hay quien llama así a los pigmeos, pero
en realidad los Abatwa del mito son mucho más pequeños. Viven en zonas montañosas, aunque son nómades. Y montan sobre los insectos, salvo cuando andan apurados. En esas ocasiones, se suben en grupo a los caballos, formando una fila que va de la cabeza a la cola. Si el viaje se prolonga, empiezan a devorarse al animal. Los zulúes tienen un protocolo para cuando se cruzan con un abatwa. Saben que los petisos son malhumorados y que conocen los secretos de la flecha envenenada. Y saben, también, que lo primero que los chiquitines preguntan a los forasteros es “¿desde dónde me viste?”. Y aquí está el peligro. Porque estos enanitos son seres obsesionados con su estatura, por lo que hay que decirles que uno los vio desde muy lejos, para que no se ofendan. De lo contrario se corre riesgo de muerte.
- Un poco más al no
rte, en Angola, están los Kishi. Tienen dos caras. Una es la de un tipo especialmente pintón y de pelo largo. Del lado de atrás, en cambio, están las fauces de una hiena. Los kishi asisten a los bailes, seducen muchachas y, en el momento indicado, giran la cabeza y atacan con sus dientes de carnívoro. Como tantos y tantas. - El Kumbhakarma, de la India, es un gigante que mide 420.000 metros de altura. Es mudo, porque los dioses le ataron la lengua. En consecuencia, lo único que es capaz de decir es “tengo ganas de dormir”. Cada seis meses despierta, y entonces…




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