La vanguardia de la ventriloquía

Dos dandys en acción (Imagen: Gentileza Mónica Bonavia).

Paco y Oliverio son la vanguardia de la ventriloquia. En sus shows caben el humor pero también la opinión política y el punk. Y aunque la timidez de uno contrasta con la caradurez y los ojos de huevo frito del otro, ambos estarán hoy a las 22 en La Clac (Av. de Mayo 1155) para estrenar En vivo en Argentina, muestra de lo que ellos definen como “una posibilidad expresiva increíble y a menudo subestimada”.

–El muñeco –no se ofenda, Oliverio– suele ser el zarpado, pero seguramente hay algo más que eso. ¿Cómo se fue revelando el rol de cada uno de ustedes?

Paco: –Oliverio es un tipo muy inteligente, mucho más que yo. A la ausencia de superyó característica de los muñecos de ventriloquia (nosotros lo decimos sin acento, ambas formas son correctas) le suma el placer de contar historias, que le interesa mucho más que el tradicional bombardeo de chistes. Oli es, además, una estrella de rock. Yo soy consciente de que la gente lo va a ver a él, pero intento que mi personaje participe un poco más en el show, que no se reduzca a un mero tirador de centros para que Oli cabecee, lo cual no es fácil: tiene una personalidad avasallante.

Oliverio: –Lo que tiene que hacer este boludo es sostenerme sin que yo me caiga. Y lo hace bien: hasta ahora no me caí nunca.

Son dos calaveras. Dos dandies de esos que aún pueden quebrar –con cierta dosis de milagro– la monotonía de neón que cubre la ciudad. ¿Pero de dónde salieron? Conviene empezar por el principio: el manager de Paco y Oliverio es el escritor y periodista Daniel Riera. Todo comenzó cuando Riera hacía Buenos Aires Bizarro, guía de lugares, seres y situaciones extrañas de Buenos Aires. Un capítulo era sobre el Círculo de Ventrílocuos Argentinos (www.civear.org.ar), que –dicho sea de paso– es una entidad única en su tipo. Los artistas invitaron a Riera a su cena de fin de año y ahí la magia terminó de desatarse. Al final de la comida se hizo un sorteo, y un muñeco a estrenar llegó a las manos del cronista. Así nacieron Paco y Oliverio, en homenaje a Urondo y Girondo.

–¿En qué medida se metieron en la cotidianidad de Riera?

Oliverio: –A mí no me dan de comer, pero no hace falta. Y el Purvi, el perro de nuestro representante, me aceptó bien.

Paco: –En realidad somos tres, porque está Leticia en el elenco (se refiere a una muñeca de la misma “especie” que Oliverio). Me acompañan cuando me voy de viaje –tenga que actuar o no–, ayudan a que la vida sea más divertida, la pasamos bien juntos.

Oliverio: –Leticia no va a actuar en este show, tiene amigdalitis.

–¿Son de encarar mujeres así, de a dos?

Paco y Oliverio: –No hablamos de nuestra vida privada.

Igual no cuesta imaginar la escena. Sobre todo porque es vox populi que Oliverio admira la belleza femenina con todo el fervor que le permite su epidermis de plástico irrompible. Eso sí: a causa del estereotipo de los “muñecos malditos” el pobre debe tener que remarla. No sólo en las ocasiones de levante sino también a la hora de defender al arte que le da vida, del que van quedando cada vez menos cultores. Tras la muerte de Chasman, Chirolita está guardado en la caja fuerte de un banco –una ley del ambiente dicta que los muñecos no pueden ir de mano en mano–; y existen intérpretes de cabaret o infantiles que luchan día a día contra el estigma de Chucky.

–¿Por qué piensan que la ventriloquia se volvió un arte under? ¿Cómo se puede asociar “vanguardia” y ventriloquia?

Paco: –Las películas de terror, con el lugar común del muñeco poseído, ayudaron a esa marginalidad. El hecho de plantearse la idea de vanguardia en un arte tan subestimado es en sí mismo vanguardis-ta. Y nuestro representante no viene ni de la magia, ni del circo, ni de los cabarets, ni del café concert, como la mayoría de los ventrílocuos, sino de otros lugares que no son ni mejores ni peores, pero sí distintos: la literatura, el periodismo, el rock’n’roll. Eso da lugar a un contenido y a una búsqueda distinta, no sólo en cuanto al diálogo entre el ventrílocuo y su muñeco, sino en cuanto a la concepción del espectáculo.

–Homenajearon a Urondo en el aniversario de su asesinato. ¿Cómo es entrarle a la ventriloquia por el lado más político?

Paco: –Bueno, el maestro Chasman se jactaba de no hablar jamás con Chirolita de política, ni de religión, ni de fútbol, nada que pudiera dividir a su público. Con todo respeto, nosotros pensamos diferente. Oli tiene sus ideas y su manera de ver la vida y las expresa con claridad.

Oliverio: –Yo quiero hacer la revolución, el problema es que soy una gran estrella de rock y no tengo tiempo para las dos cosas. Cuando nuestro representante fue a presentar la reedición de La patria fusilada a Trelew, a la noche actuamos para un grupo de gente donde estaban nuestras amigas Raquel Camps y Angela Urondo (familiares de de-saparecidos). Les dedicamos nuestro hit “Etchecolatz se llevó a mi chica” y se cagaron de risa.

–¿Cómo será la presentación de hoy? ¿Qué cambios tuvo el espectáculo?

Paco: –Muchos y muy importantes. Es nuestro primer show en un teatro –venimos de bares, librerías, etc.–; el cambio de espacio escénico nos permite un espectáculo más integral, con una puesta de luces, videos –con la ayuda de mi amigo Mariano Lucano–, incorporar más músicos para que toquen con Oli. Vamos a estar acompañados por el guitarrista Marcos Matarazzi, el violinista Andrés Costantini y el cellista Guido Wardak…

Oliverio: –¡Y tenemos directora!

Paco: –La incorporación de Milagros Ferreyra al equipo fue fundamental para darle forma a ese cambio. Sin ella hubiera sido imposible.

Oliverio: –¡Y está buenísima!

* Si sus protagonistas sobreviven a los vicios de la madrugada, En vivo en Argentina volverá a presentarse el 4 y el 18 de noviembre a las 22, en La Clac.

BONUS TRACK: Ellos son…

- Paco: A riesgo de caer en definiciones demasiado rígidas, puede aventurarse que es el alter ego de Daniel Riera. Se trata de una especie de presentador, o de un escritor que abre su corazón al público a través del diálogo con su partenaire animado. Tal vez porque –como sostiene Riera– “al fin y al cabo escribir es, también, hablar con la boca cerrada”.

- Oliverio: Hombrecito “de setenta y nueve centímetros, nariz chata, boca grande, labios rojos, tajos a los costados de la boca y en el mentón, pelo negro parado y brillante, cejas pintadas y ojos de huevo frito”; todo lo cual le otorga una expresión algo atormentada. Lo fabricó la artesana Jesús de la Cruz Rivera, que tomó sus rasgos de un personaje de la telenovela brasileña La esclava. El propio Riera explicó alguna vez cómo se fue desplegando su personalidad: “Un 31 de diciembre, durante la fiesta de Año Nuevo, Oliverio conoció a mi madre y le dijo ‘Callate, vieja chota’. Había que ver cómo se reía mamá. Comprendí que él puede decir lo que piensa sin temor a represalias”.

* Daniel Riera, que es quien está detrás de la dupla, es escritor y periodista. Edita la revista Barcelona y fundó junto a varios amigos la editorial Antilibros, amén de coordinar la colección Crónicas del continente que lleva adelante Libros del Náufrago. Publicó, entre otros, la colección de crónicas Nuestro Vietnam, el doble libro de poemas Familia y Propiedad/La vergüenza nacional y la novela Evangelios y apócrifos. Su maestro de ventriloquía, Miguel Angel Lembo, le dijo alguna vez que “no se trata sólo de hablar con la boca cerrada, sino de saber para qué lo hacemos”. Con la misma conciencia, Riera encaró, hace sólo unos días, al auditorio repleto del Centro Cultural de España en Buenos Aires y cuestionó que el ciclo Narrativas de Realidad fuera inaugurado por ex funcionarios del gobierno de De la Rúa. En aquella oportunidad distribuyó la lista de los treinta y ocho muertos por el estado de sitio del 2001 y se retiró en señal de protesta.

Justo antes de ocupar Wall Street

Kalle Lasn está recaliente.

Si bien los que están acampando en NY rechazan todo tipo de filiación, la convocatoria para resistir frente a la Bolsa fue lanzada hace un par de semanas desde Adbusters. En julio me había comunicado con la organización para hacer la nota que sigue.

Por Facundo García

Epoca de elecciones. La publicidad entra por los ojos, la nariz, las orejas y otros orificios del elector. Y eso –ay– tal vez sea inevitable. Lo que se puede hacer, en todo caso, es reapropiarse de los avisos y darles un sentido propio. Es lo que vienen intentando los Adbusters desde hace veintidós años. La organización se dedica a la alteración, remixeo y cambio de contexto de los mensajes políticos y comerciales que bombardean la cabeza de los ciudadanos. Desde Vancouver (Canadá), uno de los fundadores del grupo, Kalle Lasn, conversa con Página/12 sobre la manera en que él y sus amigos se convirtieron en un problema para los medios hegemónicos del Norte.

–Las megaempresas hacen sus campañas. Ustedes, como Adbusters –nombre que podría traducirse como “destructores de anuncios”– van y les responden. Pero seguro que esa especie de diálogo va desplegándose y variando sus estrategias. ¿Podría describir el estado de la relación?

–Lo primero que voy a decirte es que ya no es un diálogo. Es una batalla por el sentido. También se modificó el público. Cuando nosotros arrancamos, las personas no entendían del todo de qué estábamos hablando. Supongo que se debía a que la sociedad todavía conservaba cierta apariencia humana. Más tarde entramos en este vértigo. Los problemas climáticos están ahí, y la “Guerra contra el terror” no hizo más que acelerar las cosas. Así que nuestra ida y vuelta con los grandes medios ya no califica en la categoría de una discusión del tipo argumento-contraargumento. Directamente disputamos significado.

–Da la impresión de que ganar no va a ser fácil.

–Hemos aprendido mucho. Por ejemplo: es obvio que al enfrentarse con las nuevas estrategias del Poder, la izquierda tradicional ha sido completamente inútil. Quiero decir: ¿Qué obstáculo serio pudo oponerle a Bush? Ninguno. El contexto da un poco de pavor, sí. Pero del rincón más oscuro puede venir la luz.

Lasn se entusiasma cuando menciona la “Primavera árabe” y las protestas en Grecia. “A ustedes los argentinos, con lo que pasaron en 2001, a lo mejor no les sorprende tanto”, piropea. Sin embargo, tiene miedo. “Admiro lo que están haciendo esos pueblos. Pero a nivel global temo que se nos venga otra Edad Media. No sólo por la espiral descendente de la economía, sino porque a eso se le van a agregar otros problemas sociales, religiosos y ecológicos. A largo plazo, la combinación de todos los factores podría generar un desastre”, avizora.

En ese cachengue para pocos, la publicidad –entendida como alteración interesada de las percepciones– ocuparía un lugar central. George Orwell lo anticipó con maestría en uno de los pasajes más dramáticos de 1984. En la prisión, un torturador le muestra al protagonista cuatro dedos de su mano y le pregunta: “¿Cuántos dedos ves aquí Winston?”; a lo que Winston responde “cuatro”. Entonces O’Brien , el torturador, le retruca: “¿Y si el Partido te dijese que son cinco?”.

Para que alguien afirme estar viendo cinco dedos donde hay cuatro se puede usar el terror, como en la novela de Orwell. Pero también se puede contratar a un publicista. Por lo tanto, denunciar al Imperio de los Anuncios se convierte en un gesto político radical, en el sentido menos denarvaezco de la palabra. Se trata de impugnar el modo de vida que está haciendo que los países más ricos del mundo consuman bienes a un ritmo insostenible mientras sus niveles de depresión, disgregación social y violencia se mantienen estancos. Dice Lasn: “Tendríamos que ir hacia una economía del poscrecimiento. Reconocer que el crecimiento económico no lo es todo, y que vale la pena atender variables como la sustentabilidad o la felicidad”.

“Que gane la banca”. Ese es el santo y seña para entrar al reino de los cielos publicitario. Y salvo que no hayan podido adaptarse –como en el caso de Egipto–, los que ostentan el poder económico corren con la ventaja de haber tenido tiempo y capital para profundizar los lazos emotivos que prescribe el marketing de las urnas. Como confesó alguna vez Oliverio Toscani –ex director de las campañas de Benetton–: “No-sotros no vendemos productos ni ideas, sino un modelo adulterado e hipnótico de la felicidad”. Al final de la operación, “vender” un candidato termina siendo parecido a vender panchos. Aunque todavía se vote sin papas pai.

Contra eso se rebelan colectivos como Adbusters. Y no están solos. Por estos pagos son miles los que ya se pusieron a pensar bromas alrededor de los afiches y eslóganes electorales de la derecha; entre la militancia, el desmontaje de trampas discursivas y el entretenimiento. Sin ir más lejos, al “Yo lo voto” del macrismo le siguieron mil reformulaciones. “Yo NO lo voto”, “yo lo boto” (del verbo “botar”), “yo lo veto”, “yo lo botón”, “yo botox” y otros hallazgos que hacen furor en la web.

–En esto de las contracampañas ustedes tienen experiencia. Han armado el Buy Nothing Day –“día de no comprar”–, el Backspot –la fabricación y venta de zapatillas hechas con material reciclado– y la Digital Detox Week –una semana para desconectarse de la red–. Por otro lado, han comprado espacios publicitarios de las grandes cadenas para distribuir sus mensajes…

–Ojo: las grandes cadenas nos rechazaron los spots.

–¿Todas?

–Todas menos CNN.

–¿CNN emitió sus spots?

–Sí. A ver: algo que nos dio resultado fue juntar a un grupo de personas que tengan una inquietud puntual y estén dispuestas a recolectar dinero para comprar de forma independiente espacios televisivos. Quince segundos, treinta, un minuto. Entre varios no se hace tan pesado y a veces funciona. Por supuesto que si vas con esta idea a las grandes cadenas, aunque les ofrezcas pagar por el espacio, se escandalizan cuando se enteran de que estás contra el neoliberalismo y las corporaciones. Hicimos la prueba en el Reino Unido, en Francia… en Canadá hace diez años que estamos en juicio para conseguir que nos acepten y, aunque gastamos un montón de plata en abogados, el debate que se de-sató ha valido la pena. En Estados Unidos fuimos a la CNN y nos rebotaron. Les respondimos que estábamos dispuestos a iniciar acciones legales contra ellos –por impedir la libre expresión de los ciudadanos– y cedieron.

* Kalle Lasn nació en Estonia en 1942. Pasó su infancia en un campo de refugiados y más tarde se trasladó a Australia. Ya en los ’60 se dedicó a la investigación de mercado y más tarde se fue a vivir a Vancouver. Trabajó para el célebre National Film Board de Canadá por más de veinte años y se juntó con otros militantes para crear la Adbusters Media Foundation, que pretende evitar la “erosión de nuestros ambientes físicos y mentales por parte de los intereses comerciales” a través de la creación de afiches alternativos y respuestas a la publicidad “seria”. Escribió Culture Jam y Design Anarchy y dirigió los documentales Children of the Tribe (1980), Japan, Inc (1980), Japanese Women (1984), The Rise and Fall of American Business Culture (1984), Satori in the Right Cortex (1985) y The Autumn Rain: Crime in Japan (1990).

BONUS TRACK: BRIGADAS ARGENTINAS

Subrayar las acciones de un colectivo con sede en el extranjero no significa desmerecer la tarea de decenas de artistas y contrapublicistas que vienen agitando en estas tierras. Los Iconoclasistas (http://iconoclasistas.com.ar) se proponen como un “laboratorio de comunicación y recursos contrahegemónicos de libre circulación” y –aparte de estar participando en la nueva revista Underground– proponen periódicamente herramientas para la disputa de significados. El GAP –Grupo de Arte Político– (http://grupodeartepolitico.blogspot.com) hace otro tanto, acaso desde una perspectiva más “peronauta”; al igual que agrupacio nes más nuevas como el Grupo Choripán (http://gru pochoripan.com), que aspira –en broma y en serio– a ser una respuesta comunicacional al nefasto grupo Sushi que supo germinar bajo el ala del delarruismo.

Seres legendarios que conocí por azar

Suena un poco extraño decir que son a la vez legendarios y poco conocidos. Tal vez debería decir que son “poco conocidos para mí”.

Descubrí a estos personajes míticos hace varios años, y hoy los reencontré en las anotaciones de un viejo cuaderno perdido en el fondo del cajón.

  • En Yakutia, Siberia, los pobladores se enfrentan a uno de los climas más fríos del mundo. Tanto, que hay quien recomienda no tocar las superficies metálicas, porque la piel

    Supongo que los Abaasy serán más o menos así.

    se adhiere con la fuerza que dan los más de sesenta grados bajo cero que acarrea el invierno. Esta gente cree que existen los Abaasy, seres que viven en un reino subterráneo donde dormina Arson Duolai, el señor de los muertos. Todos los vecinos de ahí abajo comparten una característica: tienen al menos una parte del cuerpo de acero y les gusta raptar mujeres.

  • Los Abatwa, en el sur de África, son tan chiquitos que se esconden detrás de las briznas de pasto. Hay quien llama así a los pigmeos, pero

    Abatwa en pleno viaje.

    en realidad los Abatwa del mito son mucho más pequeños. Viven en zonas montañosas, aunque son nómades. Y montan sobre los insectos, salvo cuando andan apurados.    En esas ocasiones, se suben en grupo a los caballos, formando una fila que va de la cabeza a la cola. Si el viaje se prolonga, empiezan a devorarse al animal.                                                                                                                             Los zulúes tienen un protocolo para cuando se cruzan con un abatwa. Saben que los petisos son malhumorados y que conocen los secretos de la flecha envenenada. Y saben, también, que lo primero que los chiquitines preguntan a los forasteros es “¿desde dónde me viste?”. Y aquí está el peligro. Porque estos enanitos son seres obsesionados con su estatura, por lo que hay que decirles que uno los vio desde muy lejos, para que no se ofendan. De lo contrario se corre  riesgo de muerte.

  • Un poco más al norte, en Angola, están los Kishi. Tienen dos caras. Una es la de un tipo especialmente pintón y de pelo largo. Del lado de atrás, en cambio, están las fauces de una hiena. Los kishi asisten a los bailes, seducen muchachas y, en el momento indicado, giran la cabeza y atacan con sus dientes de carnívoro. Como tantos y tantas.
  • El Kumbhakarma, de la India, es un gigante que mide 420.000 metros de altura. Es mudo, porque los dioses le ataron la lengua. En consecuencia, lo único que es capaz de decir es “tengo ganas de dormir”. Cada seis meses despierta, y entonces…

Ramil y sus milongas borgianas

Vitor Ramil, sexto hijo de un uruguayo y una brasileña, es amante de Buenos Aires y la Pampa Argentina. Publicó las novelas Pequod y Satolep; aunque hace unos meses lo entrevisté a propósito de un disco de milongas que me encanta y que se llama Délibáb. Aquí, un resumen de la charla.

“El délibáb es un fenómeno extraordinario de la llanura húngara, tan semejante a nuestras llanuras. Único en su género, este tipo de espejismo traslada paisajes muy distantes al horizonte casi desierto, reproduciendo ante los maravillados ojos del observador, en los días calurosos, el desarrollo de escenas lejanas. Este fenómeno óptico es debido a la refracción desigual de los rayos solares de las capas de aire, de temperatura y refracción diferentes (…) Un tren en marcha a toda velocidad, pero no se perciben ruidos de máquina ni se escuchan pitadas. En realidad tal cosa sucede porque el tren `no está ahí`; tal vez se encuentra a más de 100 kilómetros de distancia. Pero el délibáb lo atrae al horizonte”.

Esa es la definición que dio el físico y escritor Ernesto Sábato en Nuestro Universo Maravilloso (Editorial Codex S. A., Buenos Aires, 1959). Medio siglo después, el cantautor gaúcho Vitor Ramil retomó la figura para una de sus novelas, y también para un disco de milongas que tiene mucho que ver con el presente continental.

Es lógico: délibáb viene de déli (“del sur”) y bab (“ilusión”).

***

“Traiga cuentos la guitarra

de cuando el fierro brillaba,

cuentos de truco y de taba,

de cuadreras y de copas,

cuentos de la Costa Brava

y el Camino de las Tropas”.

(Milonga de dos hermanos, J.L. Borges).

 

Entre la investigación, la literatura y el conjuro musical, la búsqueda de Ramil lo llevó a enfrentar a dos autores de algún modo antagónicos (¿un duelo?).

Por un lado Borges, el freak del lenguaje. Por otro Joao da Cunha Vargas, poeta con intuición de baqueano. Sorprende la manera en que el cantor consiguió que los dos espíritus jugaran a la taba a través de su talento: la sangre y los puñales borgianos resaltan la dulzura de Vargas, y viceversa.

Borges se abrasileña; Vargas de rioplatiza.

Al entrevistado le gusta pensar que sus dos referentes se miraron sin saber quién era el otro, a mediados de los años treinta del siglo pasado. Borges pasó una temporada de la estancia Las Nubes, en Salto Oriental, cerca de la frontera con Brasil.  A pocos kilómetros de ese pago –donde, en un hecho de ribetes insólitos, Georgie redactó el prólogo de un libro de poemas de Jauretche titulado El paso de los libres- vivía el mentado Vargas. Alegrete se llamaba su pueblo. Su estancia, La Primavera.

“¿No se habrán avistado, como si fuesen délibábs?”, se pregunta Ramil.

–Difícil saberlo. Lo que se rumorea es que usted hizo su propia experiencia con el asunto…

Yo estaba de viaje por Europa. Había leído la definición que da Sábato, pero no esperaba que al llegar a Hungría me persiguiera tanto esa palabra. Primero fue en las calles. “Calle délibáb”, decía un cartel. “A esa palabra la conozco”, me dije. Esa misma tarde, fui a ver un grupo de música que también se llamaba délibáb. Y al otro día me dieron un folleto que decía “venga a conocer los délibábs”…

–Espejismos. En cierto modo, vienen a desafiar lo que uno está acostumbrado a ver.

–Exacto. Uno de mis interrogantes, por ejemplo, es si se puede salir de la visión exclusivamente tropicalista que se tiene de Brasil. Hay milongueros en el sur del propio Brasil, en Uruguay y en Argentina; sin embargo están desconectados entre ellos a causa de los estereotipos. Ramilonga y mis discos siguientes son un esfuerzo para modificar eso. Y de a poco la ecuación se va resolviendo, porque en este último disco sigue habiendo milongas y a la vez no quedan a fuera las riquezas armónicas que vienen trabajando en mi país maestros como Milton Nascimento o Gismonti.

–Hay una síntesis de autores, pero también -desde los “temas”- una síntesis geográfica entre el Río Grande y el Río de la Plata. Y hasta una síntesis temporal, porque sus composiciones vuelven a traer al presente una colección de historias que en una primera impresión parecen antiguas…

–Mientras hacía el disco, yo mismo me empecé a preguntar porqué me emocionaban tanto estos relatos ¿Qué había ahí que me seguía conmoviendo a pesar de la distancia temporal y física? Si emocionan, es porque no son solamente una recopilación “intelectual” de textos de otro tiempo. Yo he conocido punks que se movilizaron muchísimo con esta música. Son ideas que tienen verdad. Una verdad que, como toda verdad, no se agota en los rótulos.

–¿Qué relación ve entre la música y la literatura?

–El misterio. La busqueda de la concisión y el rigor siempre nos conduce, al final, a una zona de vaguedad. Me interesa que mi música mantenga esa ambigüedad, una ambigüedad armónica que te desconcierta pero no molesta, con la rareza siempre acechando. Entonces me interesa eso: escuchás y ves que hay rigor, pero al final persiste el misterio.

Ramil vive en Pelotas. Aquí vendría un chiste fácil. Baste con decir, entonces, que Pelotas queda a unos trescientos kilómetros de Porto Alegre. Desde ahí en una hora y media se puede cruzar al Uruguay. No obstante, se trata de la localidad más “brasileña” de Rio Grande. Siempre hubo muchos negros, e incluso llegó a haber más negros que blancos. “Mi emoción musical más remota es la del carnaval en estas calles. A la vez tengo la imagen de mi papá y mi mamá bailando tango en una tanguería que se llamaba `El sobrado`. Allí había una pequeña orquesta que tocaba y que de algún modo contrastaba felizmente con los tamboriles. El percusionista Ramiro Musotto me contó que él se había hecho percusionista después de pasar por Pelotas justo en época de carnaval”, comenta.

–¿Y cómo reaccionaron en Río Grande cuando se puso a cantar milongas?

–Varios me dijeron que estaba traicionando la tradición. Yo defendía la posibilidad de hablar de estas cosas sin convertirme en un “personaje” gaucho. Hoy me emociona enterarme, cada tanto, de que alguna canción mía se interpreta en un boliche gauchesco.

***

En el prólogo a Para las seis cuerdas (1965), Borges avisa que “en el modesto caso” de sus milongas, “el lector debe suplir la música ausente por la imagen de un hombre que canturrrea, en el umbral de su zaguán o en un almacén, acompañándose con la guitarra. La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes”. Tramposa oración del viejo, que invita a destacar en la lectura los detalles de lo que no está escrito.

Para completar esa tarea imaginativa Ramil se contactó con Carlos Moscardini. Hombre de perfil superbajo, con su casita en Lomas de Zamora –al lado del Camino de la Tropa y cerca de Adrogué-, Moscardini cazó al vuelo la onda ramiliana. “Carlos –dice el entrevistado- tiene un sonido natural, que me permitió sumergirme en otra cultura sin apartarme de la mía. Aparte siempre caía a los ensayos con alfajores de maicena”.

–Se vieron en Buenos Aires…

Yo ya había grabado dos discos ahí. Elegimos un ambiente despojado, lo que tiene un poco de locura si se considera que yo soy independiente y se centralizan en mí una cantidad grande de decisiones. Carlos me facilitó ese transe. Su guitarra criolla se mixturó perfectamente con las cuerdas de acero que uso yo. Pasa que él se pone en tu música, escucha mucho. Tanto, que solamente ensayamos dos veces antes de grabar. O mejor dicho, los ensayos empezaron por compartir cosas, tomar mate y pasear juntos.

***

 

“A este fenómeno lo llaman délibáb”, expliqué. “Esta locomotora y este vagón que ven ustedes, tan nítidos, corriendo en este horizonte desértico, no están aquí donde parecen estar, sino a unos por lo menos cien kilómetros de distancia. Ocurre en días de mucho calor. Esa imagen atravesó regiones con atmósferas de distintas densidades y se proyectó así, clara, plana y no invertida, delante de mis ojos. Ningún sonido la acompañaba. Después de haber buscado mucho me convencí finalmente de que en realidad no había vías en aquel lugar.” Al rever aquella fotografía, guardada hacía tanto tiempo, y al observar la reacción de deslumbramiento de mis amigos, pensé que el “gran círculo” sería la documentación de un tipo de espejismo, pues sus fotos eran el registro de lo que otro ya había visto en otra parte, según lo demostraban los textos. Era también algo deslumbrante. (Satolep – Vitor Ramil, Ed. Cosac Naify, 2008.)

–Además de Moscardini, tuvo otros compañeros en Délibáb. Con Caetano Veloso hizo “Milonga de los morenos”…

–Caetano es una referencia enorme para mí y es un artista que siempre se supo conectar muy bien con la tradición. Dado que muchos perciben cierta afinidad en los timbres de nuestras voces, me pareció divertido que hiciéramos un dúo. Le mandé la melodía y él la interpretó con una enorme grandeza de espíritu, casi sin hacerle modificaciones.

BONUS TRACK: UN EXPLORADOR INDEPENDIENTE

De abuelo español, padre uruguayo y madre brasileña, Vitor Ramil nació en Rio Grande do Sul y comenzó su carrera a mediados de la década de 1980. Siempre investigó la zona de confluencia con la Argentina y Uruguay. Amante de la cultura rioplatense y la escritura de Borges, creó su propio sello y distribuidora de discos y libros, Satolep (es decir, Pelotas al vesre). Lleva publicados dos libros y nueve álbumes, entre los que se cuentan los brillantes “Ramilonga” y “Tambong”.Éste es su sitio oficial.

El regreso del renegao

Oscar Fariña habla de su libro “El guacho Martín Fierro”.
Por Facundo García
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Empezó con una imagen. Oscar Fariña estaba revisando un Martín Fierro que en la portada tenía la figura del clásico gaucho al galope, revoleando la cincha. “Se me ocurrió agarrar un lápiz y ver qué pasaba si reemplazaba al caballo por una moto y la cincha por una cartera. Esa semana, la tele estaba a full con el tema de los motochorros. Y entendí que en el dibujo había una clave, una traslación posible”, revela el autor de El guacho Martín Fierro (Ed. Factótum), poema narrativo que retoma –desde 2011– la figura de un icono fundamental de la literatura argentina.

Sin vigüela

El Wachín Fierro, nueva versión.

Tuve en mi piesa en un tiempo
hijos, la 9 y mujer;
pero empecé a padecer,
me cerraron la tranquera.
¡Y qué iba a hallar al volver!
Solito hallé mi tuquera (sic).

Aquí, el Fierro estampado se convierte en morocho de esquina, porque “la gente lee libros, no seres nacionales”. Se trata, además, de acercarse a una de las voces más potentes de la poesía joven. El paraguayo Fariña es uno de esos secretos que Buenos Aires todavía sabe guardar. Pelado y anónimo, se lo puede encontrar en cualquier bar que abra de noche. No vive de lo que escribe: la yuga full time como empleado de una librería, pero cualquiera que haya recorrido obras como Pintó el arrebato (ver recuadro) sabe que no es otro más. “Después de Pintó…, muchos me dijeron que lo que escribía les hacía recordar a la gauchesca. Entonces me resultó obvio que, de haber vivido hoy, Martín Fierro habría sido un pibe chorro. Su relación con el lenguaje, con el poder y con la estructura represiva me hicieron pensar que habían pasado ciento cuarenta años desde lo que quiso contar Hernández, pero a la vez quizá no había tantas diferencias.”

–Fierro mata mucho. Hoy se lo rotularía como asesino serial, o algo así.

–No sólo eso. Al famoso negro lo mata porque él, Fierro, está borracho. De cachivache que es… ¡por simple bardeo!

Como nunca, en la ocasión
por peliar me chifló el orto.
Y me agarré con un boli
que trajo una negra en moto.

El “negro” de antes es el inmigrante de ahora. “Busqué un equivalente –explica el autor–, porque la palabra ‘negro’ cambió de sentido en el ambiente por el que se mueve mi personaje.”

–Que vendrían a ser los barrios pobres del Gran Buenos Aires, o las villas de la Capital…

–Sí. En ese traslado, esa actualización, se delata a esa zona del Martín Fierro que para mí no es “idealizable”. Quiero decir que imaginé este texto en contra de las lecturas que se han hecho, esas lecturas de figurita for export que construyeron los oligarcas. Me parece que acá también anda revoloteando Borges con El fin y con su Pierre Menard, porque lo mío es como una reescritura, un experimento con la recontextualización.

–Una especie de traducción…

–Lo sentí como una traducción. Trabajé por capítulos, haciendo mis cosas al lado de los versos impresos. No quise releer el original para no “canonizarlo”. Y fue escribir como si estuviera releyendo, sin veneración. De hecho las ilustraciones las hice yo mismo, que no dibujo muy bien. Quería una estética linda y fea a la vez, tipo la de los dibujos que encontrás a veces en las carnicerías del conurbano.

Fariña dice que le gustaría que su creación circulara entre personas que no están acostumbradas a leer. En cuanto al campo literario, si algo recupera El guacho… del libro que lo inspiró es la capacidad de suscitar incomodidad. Provoca: “Yo decidí no hacer ‘la vuelta’ porque me parecía la parte careta del Martín Fierro. Cuando la escribió Hernández, se había vuelto senador. Ya era otra cosa. Cuántas veces pasa eso, ¿no? El tipo hace un laburo bárbaro que lo llevó a otro lado y al final traiciona a su propia criatura”.

–Veremos en qué termina su personaje cuando usted sea legislador. El pibe chorro se volverá cadete de oficina. O periodista.

–Nah. Por suerte soy de Asunción. ¡No puedo ser senador en la Argentina!

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Directo desde la cabina

Misiones anteriores

ESTE MES ME IMPACTARON

LIBROS:

-"Cuadernos de un aprendiz de boxeador", Loïc Wacquant.
-"Yo y tu", Martín Buber.
-"Cuentos Orientales", Marguerite Yourcenar

DISCOS:

-Me agarró un zumbido en la oreja y tengo que ir al otorrino.

PELIS:

-"El amigo americano", de Wim Wenders, con Dennis Hopper y Bruno Ganz (1977)

-"El desafío de las águilas", de Brian G. Hutton (1968).